Hay instantes en los que el arte no solo se contempla, sino que se reconoce. Así ocurrió en el Ayuntamiento de Tijarafe, donde Juan Cavallé presentó un bello retrato de la princesa guanche Guasimara, figura envuelta en la memoria ancestral de Canarias.
La sala no fue únicamente un espacio institucional. Se convirtió en territorio simbólico. Allí, el lienzo abrió un puente entre pasado y presente.
El retrato como evocación
La imagen de Guasimara, concebida desde una sensibilidad contemporánea, no pretendía reconstruir un rostro arqueológico. Propuso algo más profundo: una evocación.
El retrato condensó dignidad, misterio y firmeza. Rasgos que la tradición atribuye a las princesas guanches y que, al mismo tiempo, dialogan con la identidad insular actual.
En la quietud del cuadro latía una historia colectiva.
Una presentación con voz y música
El acto contó con la presentación del periodista tinerfeño Andrés Brito, cuya intervención aportó contexto y reflexión sobre la dimensión cultural del homenaje.
La velada se elevó con la actuación estelar del músico palmero Luis Morera. Su presencia añadió una capa sonora al acontecimiento, como si la música viniera a completar aquello que el color y la palabra habían comenzado.
En ese cruce de disciplinas, el retrato dejó de ser objeto para convertirse en experiencia.
El encuentro de los mensajeros
Uno de los momentos más evocadores del acto fue la interpretación escénica del encuentro de los mensajeros del mencey para entregar el retrato.
Los actores, ataviados con ropas guanches elaboradas por Xunta Pereza, caminaron con solemnidad ritual. Sus gestos contenían la gravedad de quien porta un legado.
No se trató de una simple recreación histórica. Fue una escena cargada de simbolismo: la memoria que se transmite, la imagen que viaja, la comunidad que recibe.
Arte y memoria compartida
La presentación del retrato de Guasimara en Tijarafe no fue un acto aislado. Se inscribe en una corriente cultural que busca dialogar con la raíz aborigen desde el presente.
El arte, cuando mira hacia el origen, no retrocede. Profundiza.
En esa sala del Ayuntamiento, el pasado no fue nostalgia. Fue presencia. Y la princesa guanche, a través del trazo de Juan Cavallé, volvió a ocupar un lugar en la conversación contemporánea.
La imagen permanece. Y con ella, la pregunta esencial: cómo recordar sin dejar de crear.
Puedes escuchar el Tema de Guasimara haciendo click aquí:

Comentarios
Publicar un comentario